Ya dijimos que la urgencia es un portal muy importante del centro sanitario, al que se le presta poca atención. Recientemente el gobierno ha aprobado que la urgencia sea una especialidad. En la urgencia no debe atenderse a los usuarios por orden de llegada. Cualquiera puede entender que se atienden primero a los pacientes más graves, y después por orden de mayor o menor gravedad. Pero no solo por el peligro de muerte o graves secuelas, hay otros factores que debemos tener en cuenta. Por orden de gravedad está primera la urgencia vital: Paradas cardiorespiratorias que precisan de resucitación urgente, graves alteraciones cardiorespiratorias que precisan intubación endotraqueal, ventilación mecánica o marcapasos provisionales. Infartos de miocardio, Ictus cerebrales, traumatismos craneoencefálicos… Estas urgencias requieren la atención inmediata de personal muy cualificado en este tipo de dolencias, que normalmente están de guardia en sus unidades del centro o están localizadas. Posteriormente están las urgencias no vitales, pero que pueden ocasionar graves complicaciones o secuelas discapacitantes. En este grupo están las afecciones digestivas, como obstrucciones intestinales, cólicos biliares, pancreatitis, obstrucciones intestinales, peritonitis… Seguidamente están los cólicos urinarios, de poca gravedad, pero con gran intensidad del dolor. Posteriormente están las fracturas, luxaciones, o severas afecciones del aparato locomotor, donde la hemorragia o las lesiones de troncos nerviosos amenazan con secuelas duraderas. Por último, los cuadros dolorosos que no amenazan con graves lesiones, pero que requieren atención urgente por su intensidad. Así que para atender una urgencia con capacidad de diferenciar la gravedad del usuario solicitante de asistencia es necesario un triaje o clasificación. Una persona que la atiende en primer lugar, y que discrimine su gravedad vital, su capacidad de complicarse con posibles secuelas o sopesar la intensidad del dolor que origina la demanda. Esta persona que clasifica la afección por la que se solicita atención urgente debe estar bien entrenado en estas patologías, saber distinguirlas bien, y por supuesto no fallar en su clasificación. Y naturalmente no puede ser un novato en este tipo de asistencia. Se necesita una persona que calibre la gravedad observando el tipo de dolencia y los síntomas principales. Evaluando su función cardiorespiratoria y estado de conciencia. No tiene que pedir pruebas, no tiene que poner tratamientos, solo tiene que dirigir al solicitante al módulo adecuado a su nivel de gravedad. Dentro de esta clasificación he omitido para comentarlo ahora la alarma social, que suponen las urgencias infantiles. Estas urgencias deben atenderse con un grado alto de prioridad, detrás de las vitales, que amenazan la vida. Cualquiera puede entender que la gravedad en un niño no puede diferirse, ni por los padres, ni por el resto de los pacientes de la sala de espera, que consienten sin discusión la prioridad de su asistencia. Me pregunto cuántas urgencias tienen una persona cualificada para clasificar a los usuarios demandantes.