Menú Close

Praga

Praga es la ciudad más centroeuropea, pues está a la misma distancia del mar Báltico que del mar Adriático, y también de Bretaña a Rusia. Es la capital de la región de Bohemia y del país de Chequia, nación surgida de la desaparición de la unión soviética, separándose de Eslovaquia y manteniéndose unida con Moravia. Tiene frontera con Austria, Alemania, Polonia y Eslovaquia. Además de Praga, en Chequia se debe visitar la famosa ciudad balneario Karlovy Vary, dos castillos al sur de Bohemia y otro castillo y dos pueblos medievales de Moravia, según dicen las guías turísticas. Pero en esta ocasión el viaje se hizo sólo para ver la ciudad de Praga. La ciudad está atravesada por el río Moldava que atraviesa de norte a sur toda Bohemia y Moravia hasta entrar en Austria y desembocar en el Danubio. El casco viejo es uno de los mejor conservados de Europa. El río separa el castillo y el barrio de Mala Strana de la ciudad vieja, el barrio judío y la ciudad nueva. Nuestro hotel estaba muy bien de precio y alejado del centro de la ciudad. Pero unido por una puerta había un centro comercial con estación de metro. Así que en 10 minutos estábamos en la plaza de Wenceslao, centro neurálgico de la ciudad. En Praga, como en Alemania se come muy bien carne, embutido y sobre todo excelente cerveza. Así que tras callejear un rato por la plaza de Wenceslao hicimos nuestra primera cena. Al día siguiente la visita fue a la ciudad vieja, entrando por la torre de la pólvora. Paseamos por la plaza de la ciudad vieja, y esperamos la hora adecuada para que se pusiera en marcha el mayor reloj astronómico del mundo. Funciona desde el siglo XV y tiene esferas para las horas, para la posición del sol en cada hora, y cuando la hora es en punto suena un carrillón y pasan los doce apóstoles, cambiando a Judas por San Pablo claro. Todo un espectáculo. Por la noche tienen un mercadillo de navidad, con puestos de adornos y de aperitivos típicos, dulces y salados comestibles, y vino caliente imbebible. A la mañana siguiente con el metro llegamos a la famosa plaza de Wenceslao y nos dispusimos a visitar castillo y el barrio de Mala Strana, atravesando el famoso puente de Carlos. Es el más viejo de Praga. Está decorado con treinta estatuas de santos y patronos, y por tres torres medievales en sus extremos. Muy interesante su visita, tanta que ahora hay que ir al amanecer para evitar verlo abarrotado de turistas. Subimos por el barrio de Mala Strana hasta el castillo de Praga. Fue residencia de reyes, emperadores y presidentes de la república, además de albergas varios museos. En su interior está la catedral de San Vito, San Wenceslao y San Adalberto, dedicada al culto católico. Construida en estilo gótico alemán, fue el lugar de la coronación de los reyes de Bohemia. Tardo muchos años en construirse y repararse los daños causados por los calvinistas, pero actualmente el conjunto es armónico, formado por tres naves de estilo gótico. Alberga la tumba de San Juan Nepomuceno, el panteón real y las joyas de la corona de Bohemia, que se exponen en muy contadas ocasiones. Después de visitar la catedral nos fuimos al callejón del oro, que es una pequeña calle llamada así porque se instalaros orfebres, y cuyas pequeñas casas tienen diferentes colores pastel en las fachadas. Ahora están llenas de tiendas de recuerdos para turistas. Mas adelante llegamos a un mirador desde el que se veía el próximo barrio de Mala Strana, el río Moldava, el pueste de Carlos, y el resto de la ciudad. Por la tarde, tras comer en Mala Strana fuimos al barrio judío.  Durante el camino pudimos de ver la casa natal y una estatua de Frank Kafka, famoso autor al que aún no he leído. En el barrio judío visitamos el antiguo cementerio de tumbas apretujadas unas más antiguas y otras más recientes. Visitamos el pequeño museo adyacente con objetos comunes, y la antigua sinagoga, de no poco tamaño, pero sin los muebles ni objetos necesarios para el culto. Lo más escalofriante es que todas las paredes estaban escritas en letra pequeña los pueblos y ciudades de Checoeslovaquia en rojo y los nombres de los judíos asesinados por los nazis en negro. Las paredes enteras del techo al suelo, en la planta de los varones y en la planta alta de las mujeres. Resultaba apabullante la cantidad de miles de nombres escritos, se podían leer familias enteras en aquellas zonas más accesibles a la vista. Aterrador. Cuando salimos de aquel triste lugar, fuimos a visitar la actuación de un famoso teatrillo de marionetas, y una sinagoga actual, muy parecida en su distribución y decoración a una iglesia católica barroca, salvando los utensilios sagrados y la falta de capillas, altares y santos. Los bancos de la planta baja de los varones no se diferenciaban de una iglesia de las nuestras, a la planta de las mujeres no subimos. Ya de noche cenamos como pudimos y tomamos metro para el hotel. Al día siguiente vuelta a Sevilla.