Milán es la gran ciudad del norte de Italia. Centro económico, del automóvil y de la moda. Capital de la región de Lombardía tiene una larga historia, desde la romana Mediolanum, pasando por la ocupación de los lombardos, disputada entre el sacro imperio y el Papa, entre Francia y la Unión de Reinos de los Habsburgos españoles, y por último independizándose de los Habsburgos Austriacos en el siglo diecinueve. Tiene muchas cosas que ver: el Duomo, el castillo de los Sforza, la pintura mural de la última cena de Leonardo da Vinci, las galerías Víctor Manuel II, el teatro Alla Scala, la basílica de San Ambrosio, el Naviglio y San Siro. Como toda gran ciudad con poderío económico está dotada de impresionantes plazas, y grandes edificios. El centro de la ciudad cuenta con grandes tiendas de lujo y de moda, antigüedades, muebles, la tienda de Ferrari y de otras casas fabricantes de lujosos coches. Todas con productos bellísimos y naturalmente carísimos, pero de agradable ver.
El duomo de Milán es una gran catedral gótica de cinco naves, la central más alta y las otras cuatro están escalonadas, un transepto, el coro, el altar mayor, y un gran ábside que engloba el final de las cinco naves, con su correspondiente deambulatorio. Desde el exterior impresiona la gran profusión de pináculos rematados con esculturas en la fachada, los costados y el transepto. En el interior se aprecia su gran altura, amplitud y la profusión de adornos en tumbas y capiteles. Por una escalera se accede a una terraza superior transitable, desde ella se aprecia desde cerca los elementos decorativos superiores, y la existencia de esculturas que no pueden verse desde la calle. El Duomo está situado en una gran plaza con la estatua del rey Víctor Manuel II y un arco de entrada a las galerías con su nombre.
El castillo de los Sforza es una construcción de planta cuadrada, de doscientos metros de lado, con una torre en cada esquina, mandada construir por uno de los Visconti, cuando gobernaban Milán. Posteriormente fue decorado por numerosos artistas cuando gobernaban los Sforza, Leonardo entre otros. En la actualidad es un museo de arte muy cerca del casco histórico de Milán.
En el refectorio del convento dominico de Santa María de la Gracia está el muro pintado por Leonardo da Vinci con el motivo de la última cena de Jesús y sus apóstoles. La famosa pintura de más de ocho metros de ancho y más de cuatro metros de alto. Se visita con extraordinarias medidas de seguridad, grupos de veinte personas, y mirando el mural desde más de seis metros. Es patrimonio de la humanidad, y está considerada la mejor obra pictórica del mundo por numerosos críticos de arte. Impresiona estar delante del mural, y parece corto el tiempo que dura la visita. Como no es un fresco, sino pintura al óleo y temple sobre yeso, desde recién terminada comenzó a desprenderse de la pared, lo que ha supuesto numerosas restauraciones.
La galería Víctor Manuel II es un edificio formado por dos galerías comerciales techadas con vidrio, y que comunican la plaza del Duomo con la plaza del teatro de La Scala. El espacio central, donde se cruzan las dos calles es octogonal, y está rematado por una cúpula de cristal. Es el precursor de los modernos centros comerciales, con cuatro pisos, y con tiendas de moda, joyería, libros, cuadros, bares y restaurantes muy famosos. También tiene un hotel de superlujo. En el suelo del espacio central octogonal hay unos bajorrelieves de otras regiones de Italia. Los milaneses tienen por costumbre pisar el de los piamonteses, el Torino de Turín, donde más le duele, en sus testículos, que presentan un color diferente por este agravio, que los turistas imitan.
El Teatro de la Scala es uno de los más famosos teatros de ópera del mundo. Por él pasan los más famosos cantantes, y tiene orquesta, coro, ballet y filarmónica. Se visita y se pueden apreciar numerosas obras de arte, pinturas, esculturas y otros recuerdos de autores, cantantes y directores famosos. La anécdota más famosa del teatro fue la rebelión de los milaneses contra sus opresores austriacos tras finalizar el “va pensiero” coro de la ópera de Verdi Nabucco, con los cantantes caracterizados con harapos como el pueblo judío preso de Nabucodonosor. En la plaza frente a la Scala, y que conecta con las galerías de Vitor Manuel II hay una excelente estatua de Leonardo da Vinci, que tantos años trabajó para los Sforza como tramoyista de fiestas, ingeniero de caminos, de defensas y de armas de guerra, y también como pintor.
La basílica de San Ambrosio fue construida por orden del obispo Ambrosio en el siglo IV. La construyó sobre los enterramientos de los mártires de las persecuciones de los emperadores romanos. San Ambrosio era un personaje importante, maestro de San Agustín y ambos padres de la iglesia occidental, excomulgó al emperador Teodosio I el grande, nacido en Hispania, que tuvo que humillarse vistiendo con harapos y descalzo sobre la nieve para que el obispo le levantara la excomunión. La basílica tiene tres naves, con tres ábsides, en planta basilical. La fachada de doble pendiente tiene dos logias con tres arcos, una superior y otra inferior. La logia inferior cierra el cuadrado de columnas situado delante de la basílica. Tiene adosada dos torres campanarios de diferentes épocas. En la capilla de los santos se puede ver la momia de San Ambrosio, y de los santos mártires Gervasio y Protasio.
El Naviglio es una zona de Milán, fuera del casco histórico, cerca de la puerta de Génova, que consiste en una serie de canales que se construyeron para defensa, aporte de agua y transporte de mercancías. En la actualidad es un barrio con antiguas casas típicas, y acogedores bares y restaurantes. En uno de ellos descubrí una combinación perfecta el coctel negroni y el queso gorgonzola. La oferta era tú pagabas la copa, y en una mesa había pan, embutidos y queso, y entre ellos el sabroso gorgonzola, del que te podías servir sin límite. Divina combinación.
San Siro es el estadio donde juegan los equipos de la ciudad, El Inter y el Milán. La visita no se escogió por motivos futboleros, sino porque junto al estadio está el hipódromo de Milán, y delante del hipódromo el caballo diseñado por Leonardo para la estatua del padre de Ludovico el moro, y que no se construyó, porque se gastó el bronce en construir cañones. En el siglo veinte un consorcio de los estados unidos lo construyó según los planos de Leonardo, y lo colocó delante del hipódromo. Como el estadio está a las afueras de la ciudad, nos costó poco subirnos a un tranvía, y nos costó algo más volver en un taxi, pero merece la pena ver con detalle el descomunal caballo. Junto al estadio están las tiendas oficiales de ambos equipos, que siendo rivales, comparten el estadio. Un ejemplo a seguir.