Este marino portugués recibió el encargo de Carlos I de buscar en el sur de América un paso hacia el océano Pacífico, llegar por allí a las islas de las especias, y volver por el mismo océano Pacífico. La idea era buscar un acceso a las islas Molucas respetando la división de las rutas de navegación acordada con los portugueses. Los portugueses navegaban rodeando África y por el océano Índico, y los españoles rodeando América y navegando por el océano Pacífico, y competir en el mercado europeo de las especias. Cuando leo y oigo que Magallanes participó en la vuelta al mundo, pienso en la desinformación del que escribe o habla. Si Magallanes no hubiera muerto en las Filipinas, la flota al completo se hubiera perdido, pues el tornaviaje de las Filipinas a América lo intuyó el fraile y navegante Andrés de Urdaneta cuarenta años más tarde de la vuelta al mundo. Urdaneta intuyó que, como ya se sabía en el océano Atlántico, los vientos alisios por debajo del ecuador soplan hacia el oeste, llevando las naves de las Canarias a América, y los vientos al norte del ecuador soplan hacia el este, y llevan las naves de América a España, podía suceder igual en el océano Pacífico, y desde Filipinas navegó hacia el norte hasta llegar a Japón, y buscó allí los vientos que soplaban hacia el este. Urdaneta estableció la ruta del galeón de Manila, que salía del Perú, al sur del ecuador, con plata para Filipinas, llegaba a Manila, y volvía navegando hasta Japón y de allí hasta San Diego en California, luego costeaba hacia el sur hasta alcanzar Acapulco. Las mercancías viajaban de Acapulco a ciudad de México, y allí se mercadeaba. En aquellos tiempos ciudad de México era la ciudad con mayor riqueza del mundo. Lo que fuera comprado para llevar a España, se trasladaba a Veracruz, y allí esperaría hasta que se formase la flota de regreso de las indias. Todos los barcos y expediciones que trataron de navegar a América por el sur del pacífico se perdieron o tuvieron que volver hasta Filipinas. Por lo tanto, si Magallanes no hubiera muerto en las Filipinas, su expedición se hubiera perdido en el pacífico sur. Lo que pasó es que, de la escuadra de cinco barcos de Magallanes uno desertó en el Atlántico, dos se hundieron, y de los otros dos, con muy pocos marineros, Juan Sebastián Elcano pensó que ya estaba bien de penurias, y volvió por la prohibida, pero conocida ruta portuguesa, el otro barco trató de volver por el Pacífico y nunca llegó a América. Elcano tomó sus precauciones: navegó el Índico más al sur de lo que lo hacían normalmente los portugueses, navegó el Atlántico más al oeste de las rutas portuguesas, y compró comida y agua en la portuguesa isla de Cabo Verde, engañando a la autoridad portuaria. A su favor estaba: que él no tenía ordenes concretas de la ruta de vuelta, que fue el único que salvó a lo que quedaba de su tripulación, y que con las especias que trajo se pagó a todos los inversores, el rey entre ellos, e incluso hubo ganancias. La gesta la propició una expedición ruinosa, la muerte de varios almirantes, y la decisión de Elcano (se acabó la aventura, tengo especias, somos pocos, y ya ha habido demasiados muertos)