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Lesiones deportivas

Esta reflexión va dirigida a aquellos deportes no considerados de riesgo. Es decir, quedan excluidas los deportes relacionados con la conducción a grandes velocidades, ya sean con vehículos. motos de agua, asfalto o tierra, bicicletas, aviones, motoras, deslizamientos por la nieve, saltos en paracaídas, vuelos en parapente o ultraligeros, escalada, alpinismo, barranquismo, boxeo y todas las modalidades de lucha, y algunas otras menos frecuentes, pero si con muchas probabilidades de hacerse daño o matarse. Hay dos tipos de lesiones deportivas, las ocasionadas por accidentes y las ocasionadas por sobrecarga. De las primeras no hay nada que decir, son situaciones de mala suerte: saltas por un balón o una pelota, y al caer pisas mal y se produce un esguince en el tobillo o en la rodilla. Las producidas por sobrecarga son evitables en muchas ocasiones. La sobrecarga, como su propio nombre indica, es someter a alguna parte de nuestro aparato locomotor a una carga superior a su resistencia. Dicho así parece poco probable, pero si nunca has corrido, y un día decides correr el maratón de Londres y te empeñas en comenzar un programa de carreras progresivas para conseguirlo, empiezas a comprender de lo que hablo. Hay otra selección más dentro de las lesiones por sobrecarga: Las que sufren los deportistas de élite, y las que sufren los individuos que quieren mantenerse en forma con una intensidad razonable. De los primeros solo hay que decir que, si un deportista lucha a su máxima velocidad/intensidad contra sí mismo o contra un contrario, las lesiones son frecuentes. Siempre están en la frontera entre capacidad y necesidad. A los segundos va dirigida esta reflexión. Las sobrecargas en aquellos deportistas, que no están obligados a ganar, son defectos en la actividad, su preparación, o su recuperación. La mayoría de las personas inician su actividad deportiva sin calentar ni estirar. Directamente en la pista de paddle a intercambiar bolas. Más adelante, si el partido se encona, vienen los sobreesfuerzos y las roturas fibrilares o las contracturas dolorosas. Otros hacen la actividad deportiva que corresponda, marcha o carrera, y después no recuperan estirando la musculatura ejercitada. Van acumulando tensiones hasta que se produce el dolor muscular, y si no dejas la actividad, sobreviene la tendinitis/entesitis. Esta son las lesiones deportivas no accidentales que más se producen en gente no federada. Por supuesto que estas lesiones, que yo he denominado deportivas, también suceden en el mundo laboral de trabajadores manuales. En el artículo anterior dije que la secuencia correcta era: Calentamiento-estiramiento-actividad-enfriamiento-estiramiento, contando cuales eran los beneficios de esta secuencia. Naturalmente ni los profesionales hacen la secuencia que les libraría de parte de las lesiones por sobrecarga. Aquellas lesiones musculares ocasionadas por llegar a la extenuación no se evitan con esta secuencia. Las contracturas intensas, o las roturas fibrilares al final de los partidos/carreras son inevitables y producto de su profesionalidad y alta capacidad de sufrimiento. Los no profesionales ni siquiera calientan, pelotean antes del inicio a lo sumo. Pero cuales son las lesiones deportivas no accidentales más comunes entre los no federados/profesionales: La epicondilitis en los deportes de raqueta o pala, y las contracturas gemelares en los de correr y saltar. Estas lesiones también se producen en el mundo laboral: manejo del ratón o trabajar de pie, pero el manejo de ellas es más complejo. En general el deportista aficionado no suele poner atención en estas molestias hasta que no pueden realizar la actividad deportiva, entonces consultan por ellas. Las contracturas gemelares duraderas suelen complicarse por el aumento de tensión en el aparato extensor del tobillo/pie. Estas complicaciones pasan por la tendinitis aquílea, la tendinitis de las expansiones aquíleas tibial y peroneal, y la fascitis plantar. Las epicondilitis, que comenzaron como contractura de la musculatura extensora y supinadora del antebrazo, llega a ser tendinitis del tendón conjunto proximal y hasta entesitis, con lesiones tipo geoda en epicóndilo. Los casos más graves llegan a incluso calcificaciones, tanto en el tendón de aquiles como en el epicóndilar. Estas microcalcificaciones son originadas por pequeñas roturas tendinosas sangrantes, cuyo micro hematoma, en vez de reabsorberse, se calcifica. Todo se hubiera evitado con estiramientos tras la actividad, para anular las contracturas iniciales. Hay otras lesiones deportivas menos frecuentes, que se ocasionan en los gimnasios: contractura de isquiotibiales y aductores, por inadecuado fortalecimiento específico, que pueden derivar en tendinitis del tendón proximal y entesitis; contracturas bicipitales y tricipitales, que pueden derivar en tendinitis distales; contractura de pectorales, que deriva a tendinitis distal, y tendinitis del manguito del hombro. Todas ocasionadas por sobrecarga, trabajar con más peso o frecuencia que la resistencia del sistema locomotor entrenado, y no realizar los estiramientos adecuados antes, si es de fuerza, y después del ejercicio. La rotura fibrilar más rara que yo he visto fue en los rectos anteriores del abdomen, ocasionada por un desafío entre bomberos para ver quién hacia más abdominales (sic)