De nuevo otra huelga de médicos. Otra vez los gerentes de hospital o de zona de salud encantados porque van a poder cuadrar las cuentas. El dinero que se descuenta del sueldo de los huelguistas, más la caída de los gastos de prescripción: de material de quirófano, vacunas, las endoprótesis que no se ponen, las placas, tornillos, y mallas que no se implantan, los dispositivos ortopédicos que no se prescriben, las pruebas de imagen externalizadas que no se hacen, los fármacos que no se recetan, bueno esto último se lo ahorra el servicio público de salud, no el gerente de área. Un disgusto enorme para los que contratan al personal y planifican sus tareas. Un iluso el que piense que los gerentes de salud se conmueven con las listas de espera y los retrasos de asistencia. Sólo se conmueven cuando cuadran los presupuestos con los gastos. Pero ¿Los médicos saben quién sufre verdaderamente la huelga? ¿Saben que el pobre usuario es el que paga con sus retrasos esta protesta? Cuando el trabajador hace huelga y el patrón pierde dinero, es una lucha igualada, razonable y legítima. A ver quién aguanta más. Pero cuando el trabajador hace una huelga justa para mejorar sus condiciones de trabajo, y el patrón gana dinero con dicha protesta, y el que sufre la protesta es un tercero, que no tiene ninguna influencia en la modificación de las condiciones de trabajo, esa huelga, aparte de inútil, no está bien pensada. No va a tener ninguna posibilidad de éxito. Que la jornada de guardia de veinticuatro horas son una barbaridad laboral, y que además incrementa la posibilidad de errores de diagnóstico y/o tratamiento es algo sabido, y que no admite ningún tipo de réplica. Pero la lucha contra esas indignas condiciones laborales no puede hacerse perjudicando a un tercero, que no tiene capacidad de intervenir en este asunto. Otra cosa sería, que los médicos de guardia se dieran de baja a las dieciocho horas de trabajo. Ningún juez los condenaría por abandono del puesto de trabajo, pues nadie podría demostrar que tras dieciocho horas continuadas no estuvieran justificados los síntomas de agotamiento extremo físico e intelectual. Este tipo de lucha solo afectaría a los gerentes, que se quedarían sin plantilla para atender todas esas horas de trabajo. Pero esta lucha precisaría de coordinación y unanimidad entre los facultativos. Cualquier forma de reivindicar unas condiciones deplorables de trabajo, que no supongan el agravio a terceras personas no influyentes serán bienvenidas por los usuarios. Los sindicalistas, además de estar liberados de trabajo por serlo, tienen que estrujarse los sesos para ser más efectivos en su lucha.