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Flandes católico

Hace unos años hicimos un viaje corto con mi hermana y su marido a la región de Flandes que conserva la religión católica. Esta región está situada al oeste de Bélgica. El Flandes calvinista se escindió junto con las Provincias Unidas en el siglo diecisiete, actualmente está en el suroeste de los llamados Países Bajos. Las dos parejas subimos a un avión de Sevilla a Bruselas, tomando alojamiento en aquella ciudad. Bélgica es un país con dos comunidades no muy bien avenidas la flamenca y la valona. La primera habla flamenco, una variante del idioma holandés, y la segunda habla francés. Legalmente son los dos idiomas oficiales del país, y los carteles deben estar en las dos lenguas. Pero fui testigo de que esta situación sólo ocurre en Bruselas. En cuanto entras en Flandes, desaparece el idioma francés. Desconozco si pasa lo mismo en Valonia, pues nunca estuve allí. Se independizó de los países bajos calvinistas en 1830. Previamente había pertenecido al ducado de Brabante, al ducado de Borgoña, a la familia de los Habsburgos españoles y austriacos y a la Francia de Napoleón.

El primer día lo dedicamos a la propia ciudad de Bruselas, a orillas del río Senne, que la une con Amberes. Un canal que ensancha el río permitió el comercio fluvial entre ambas ciudades. Bruselas es una gran ciudad desde hace varios siglos. Actualmente es la capital de la comunidad económica europea (consejo, comisión y sede secundaria del parlamento), y sede de la OTAN. Comenzamos nuestro paseo por la Grand Place, enorme espacio con bellísimos edificios flamencos construidos antiguamente por las agrupaciones de los distintos gremios profesionales (cerveceros, merceros, barqueros, carpinteros…) y neogóticos, el ayuntamiento, con su enorme torre de 96 metros, la casa del rey de España, las casas de los duques de Brabante. Originariamente, este enorme espacio fue un mercado, y así se sigue llamando en flamenco: plaza del mercado. Tras visitar la lujosa tienda de chocolates Godiva en la misma plaza, callejeamos para ver el famoso mannequen pis. La desilusión fue grande cuando vimos el pequeño tamaño del niño meando agua a modo de fuente. Me han dicho que parecida desilusión sufren los que ven la sirenita de Copenhague. Seguimos callejeando en dirección a la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, patrones de la ciudad. Esta gran catedral construida en estilo gótico, pertenece a la archidiócesis de Malinas-Bruselas. La fachada principal está construida en el llamado gótico francés y está flanqueadas por dos torres campanarios, y tiene tres pórticos. Una gran vidriera sustituye la ausencia de rosetón sobre la portada central. En el interior consta de tres naves con altos arcos y bóvedas góticas. Nos llamó la atención, como en otras catedrales de Bélgica los púlpitos de madera con amplias escaleras de subida, extraordinariamente labrados en estilo barroco. En esta catedral con escenas bíblicas y abundantes personajes y detalles en bajo relieve. El ábside que rodea el presbiterio presenta deambulatorio y altas vidrieras. Las capillas laterales y el coro son de bella factura. Tras la catedral nos dirigimos a comer en un restaurante, donde pudimos degustar la excelente cerveza belga. Aún sigo pensando que es la mejor cerveza del mundo en variedad y calidad. Entiendo que nuestro rey Carlos I se trajera a este país su propio maestro cervecero, que estuvo a su servicio hasta su muerte en Yuste. Seguimos callejeando en dirección al palacio real, y pasamos por el museo de los instrumentos, al que no entramos, pero del que admiramos su fachada en bello estilo art decó.  El palacio real de Bruselas es de estilo neoclásico, y está situado junto a un enorme parque, que paseamos. Antes de recogernos para cenar y dormir, visitamos una tienda del famoso tejido belga llamado Gobelín, con el que se fabrican, bolsos, cinturones, monederos y otros complementos. El último día de viaje, yendo de camino al aeropuerto, le pedimos al taxista que nos llevara antes al parque Heysel en el barrio de Laeken, para ver el famoso Atomium, construido para la Expo de 1958. Consiste en un monumento de 108 metros de altura, formada por nueve esferas recubiertas de acero inoxidable de 18 metros de diámetro, conectadas a semejanza de un átomo. Funciona como un museo, al que no entramos, pues urgía ir al aeropuerto. Viendo el Atomium comenzaron a caer copos de nieve, y al llegar al aeropuerto la nevada era bastante densa. Para nosotros que no habíamos visto nevar con esa densidad, fue todo un espectacular cierre del viaje. La nieve antes de que se ensucie es muy bonita.

Dos días antes de la nevada, desde la estación central de Bruselas, tomamos un tren a Gante, capital de la región de Flandes oriental, a media hora de distancia. Al salir de la región de Bruselas los letreros en francés desaparecieron, quedando solo los letreros en flamenco. Nos bajamos del tren y caminamos hacia el cercano centro histórico de Gante. Es la segunda ciudad de Bélgica por número de habitantes. Está situada en la confluencia de los ríos Lys y Escalda. Un canal comunica a Gante con el mar, para sus actividades comerciales. Pasear por Gante es un auténtico placer, por la belleza de sus edificios y lo ordenado de sus calles. Las casas de estilo flamenco son muy agradables de ver, y en el puerto medieval (muelle de las hierbas) se alinean con elegancia. Nos acercamos paseando hasta el castillo de los duques, con altas murallas, torres defensivas y profundo foso, en el mismo centro histórico de la ciudad. No entramos en él, sino que continuamos la ruta en dirección a la catedral de San Bavón. En el camino a la catedral pasamos por el ayuntamiento de Gante, bello edificio que combina el gótico flamígero de una fachada, con el renacentista de la otra. La catedral de Gante mezcla los estilos románico gótico y barroco, por las modificaciones a lo largo de los siglos. La fachada tiene una sola puerta situada en la base de la alta torre central. Con cinco tramos de altura de estilo gótico. Una vidriera sustituye, aquí también al clásico rosetón gótico. En su interior son notables el gran órgano y el púlpito de mármol de carrara y roble, bellamente tallado. Alberga el famoso tríptico de la adoración al cordero místico de los hermanos Van Eyck, así como pinturas de Rubens y otros pintores flamencos menos conocidos. A la espalda de la catedral se levanta la torre municipal o Belfort. Esta alta torre campanario ha servido para avisar de peligros o buenas nuevas a la población. El elegante salón de estilo gótico adyacente al campanario sirvió como lonja de tejidos, industria que hizo rica a la ciudad en el medioevo. La iglesia de San Nicolás, próxima a la torre Belfort, tiene la característica de tener su torre encima del crucero, y otras torres más pequeñas y con tejado cónico en las esquinas de cada fachada. Es la tercera torre que caracteriza a Gante, junto a las de Belfort y San Bavón. La iglesia de San Nicolás de estilo gótico y tres naves es el monumento más antiguo de esta ciudad. Su altar mayor es de estilo barroco, y el ábside tiene deambulatorio rodeando el presbiterio. Las vidrieras son no coloreadas, lo que permite tener mucha luz en su interior. Atravesando el mercado del trigo llegamos al puente de San Miguel, construido en un solo arco sobre el río Lys. Desde este lugar se puede apreciar alrededor la belleza de los edificios y torres del centro de Gante. Al atardecer tomamos de nuevo el tren para volver a Bruselas para cenar y dormir.

A la mañana siguiente volvimos a la estación central para tomar el mismo tren, pero con billete a Brujas, la capital del Flandes occidental. Esta región está situada al oeste de Bélgica, a una hora de tren. En flamenco su nombre significa puentes, por la cantidad de ellos que tiene cruzando canales. Es llamada también la Venecia del norte, como San Petersburgo o Copenhague. Demasiadas Venecia del norte. Está conectada con el mar por un canal dirección oeste que llega hasta el puerto de Ostende, y otro canal hacia el norte hasta el propio puerto de Brujas, la existencia de estos dos canales se debe a que Brujas perteneció a la Liga Hanseática (agrupación comercial que unía a ciudades portuarias de Alemania, Noruega, Dinamarca y Suecia) y comerciaba con su industria de los paños. La estación del tren está muy cerca del centro histórico, también patrimonio de la humanidad como el de Gante. Para llegar al centro histórico pasamos junto al lago del amor y su famoso puente. Un paraje precioso con hermosa arboleda y bellas mansiones en el mismo centro de Brujas. Paseamos hacia la plaza del mercado, con su torre campanario y el ayuntamiento. La plaza del mercado o plaza mayor está situada en el centro del casco histórico. Antiguamente fue mercado de la lana, y está rodeado por bellos edificios construidos por varios gremios, un edificio neogótico y la alta torre campanario a la que no subimos por sus más de trescientos escalones. Cerca de la plaza del mercado entramos en la plaza Burg, donde se encuentra el ayuntamiento, de hermosa fachada estilo gótico flamígero y la basílica de la santa sangre. Esta basílica de tres naves, está situada en una esquina de la plaza, tiene una parte inferior en estilo románico, construida en el siglo XII y dedicada a San Basilio, y otra superior con su fachada en estilo gótico, que alberga una reliquia de la sangre de cristo muy venerada. Continuamos la visita paseando hasta la catedral de Brujas, dedicada a San Salvador. Esta iglesia construida en el siglo XIII fue primero parroquia, pero al derribarse la antigua catedral, le otorgaron la cabecera de la diocesis, y le construyeron una alta torre sobre la primitiva, bajo la que se sitúa la puerta principal. Grandes ventanales situados a ambos brazos del crucero inundan de luz la catedral. Son notables su órgano, el coro y las capillas radiales del ábside. Tras la visita comimos en un entrañable restaurante al borde de un canal y seguimos el paseo hacia la iglesia de Nuestra Señora. Antes de llegar a la misma pasamos junto al puente de Bonifacio, lugar pintoresco para turistas. Se trata de un pueste con apariencia medieval, pero en un entorno bonito: canal estrecho, casas antiguas y arboleda. La iglesia de Nuestra Señora se construyó en el siglo XIII en estilo gótico y tiene la torre de ladrillo más alta de Bélgica. En su museo está la estatua de la virgen con el niño que esculpió Miguel Ángel Buonaroti, junto a otras obras de arte flamenco. Al atardecer tomamos de nuevo el tren a Bruselas para la cena y el descanso nocturno. Al día siguiente vuelta a Sevilla.