Menú Close

Cadera y pelvis

La articulación de la cadera tiene una gran movilidad. Si alguien lo duda que recuerde a un bailarín o un contorsionista. Su sistema ligamentario y el estiramiento riguroso de sus fascias musculares permiten estas elevaciones exageradas.

El fémur se articula en el cotilo pélvico, y a esta articulación se denomina cadera. Dos formaciones nudosas cercanas a la cabeza del propio fémur, llamadas trocánteres, y una cresta que las une, son asiento de las inserciones musculares. La movilidad de esta articulación es en todas las direcciones, y tiene músculos que la flexionan, extienden, lateralizan, acercan y rotan. La cercanía de los trocánteres al eje de movimiento hace que el brazo de palanca de estos músculos dinamizadores sea bastante corto. Por ello, los músculos biarticulares que antes vimos en rodilla y muslo (recto interno, recto anterior del cuádriceps, una cabeza del bíceps femoral, semimembranoso y semitendinoso) adquieren relevancia como dinamizadores de la cadera.

La patología más común de esta parte del aparato locomotor, contando con la ausencia de determinantes claros, es la trocanteritis, que es el dolor del trocánter mayor. Esta estructura es tan superficial, que se palpa con extrema facilidad. Se trata de una entesitis del tendón del glúteo medio, que a veces se desencadena tras largas horas de sedestación prolongada, en asientos muy blandos, y en otras ocasiones por marchas prolongadas, por lo que habrá que indagar cual es el motivo del dolor. A veces se asocia una inflamación en la bolsa sinovial que protege la inserción tendinosa, ocasionando una bursitis trocantérea, que complica y alarga el tratamiento. El dolor es muy localizado, intenso, mecánico y no fluctúa. En ocasiones se irradia hacia abajo por la fascia lata. El abordaje de este dolor es cambiando la actividad que lo provocó, es decir, caminar y el uso de asientos altos, si es por sedestación prolongada, o modificar la forma y/o velocidad de la marcha, según convenga. Si responde poco o mal, se debe acudir a un especialista sanitario.

Si a la trocanteritis le acompaña un dolor que remeda a la ciática (mal localizado, irradiado a la pierna y al pie, con características quemantes, con zonas de menor sensibilidad, sensación de menos fuerza en pierna y pie) estaremos ante un síndrome del músculo piramidal de la pelvis. Este músculo es rotador externo de la cadera. Nace en el borde ilíaco de la articulación sacro ilíaca, y horizontalmente se dirige hacia el trocánter. Cuando está contracturado, acortado y tenso, comprime al nervio ciático, que pasa por debajo, originando todo su cortejo sintomático antes descrito. La diferenciación es fácil para el experto, pero una característica de esta falsa ciática es que apenas duele a la palpación en la región lumbosacra, y mucho en la sacroilíaca. La falsa ciática no empeora cuando se eleva la pierna recta, no hay estiramiento añadido al estar atrapado el ciático en el mismo eje de movimiento.  El motivo del acortamiento puede ser la forma de sentarse, en un sofá o al volante de un vehículo, con los pies juntos y las rodillas separadas durante mucho tiempo. Si además nos repanchingamos en el asiento, pasando de sentarnos en isquion, tercio superior de isquiotibiales y distal de glúteo mayor, cuando nos sentamos derechos, a sentarnos con sacro y coxis, piramidales y tercio superior de glúteo mayor, además de estar acortados los piramidales, los aplastamos, por lo que pueden contracturarse. Para evitar el acortamiento hay que realizar estiramientos frecuentes de dicho músculo en rotación interna de ambas caderas. Para relajarlos resistiremos a los rotadores internos, apretando nuestras rodillas contra un cojín interpuesto, para relajarlos por inervación cruzada.

La entesitis isquiática y la pubalgia inferior ya fueron tratadas en el capítulo anterior, al estar motivada por eternas contracturas de la musculatura de dicha zona. Así que pasaremos directamente a los confusos dolores de la cara anterior de cadera y pelvis. Afortunadamente menos comunes.

Bajo el arco inguinal puede aparecer un dolor mecánico, aparentemente bien localizado, pero difícil de palpar por la profundidad de la estructura y la dificultad anatómica de la región inguinal. La tendinitis del íleo psoas se manifiesta al fondo de esta región, pues se inserta en el trocánter menor, Delimitada por el arco inguinal (asiento de frecuentes hernias inguinales) los gruesos vasos sanguíneos femorales (asiento de raros aneurismas) y el nervio femoral. Estas estructuras son sensibles a la presión, y el tendón del íleo psoas está debajo. No obstante, es posible sospecharlo si duele al resistir la flexión de cadera, y no hay signos de hernia inguinal. Una imagen ecográfica nos ayudaría para determinar si hay o no hernia inguinal. Y una radiográfica si hay coxartrosis, patología degenerativa que duele de forma y exploración parecida. Esta tendinitis suele producirse por sobrecarga de la marcha. El abordaje pues es cesar en esa actividad y retomarla tras la mejoría con más graduado incremento de intensidad.

El choque fémoro acetabular o pinzamiento fémoro acetabular, se trata, como su propio nombre indica, de una lesión producida por el contacto entre el cuello del fémur y el hueso ilíaco cerca del borde antero superior del acetábulo. Se presenta en personas que realizan ejercicio con intensas flexiones de caderas (sentadillas). Es un dolor mal localizado, mecánico, moderadamente intenso y que no fluctúa. La primera medida es el reposo de la actividad, y la segunda consultar con un especialista sanitario. Sin más experimentos, pues se necesita una exploración cuidadosa y unas pruebas de imagen.

La osteopatía dinámica del pubis es un dolor que se produce en el pubis (el hueso que cierra por delante el anillo pélvico) Aunque se le denomina en singular, el pubis está formado por dos prominencias óseas, pertenecientes a ambas mitades de la pelvis, que se unen por delante a través de un fibrocartílago. En el capítulo anterior nombramos una pubalgia inferior, entesitis producida como consecuencia de una contractura y posteriormente unas tendinitis prolongadas en el tiempo. Durante la exploración se comprueba que el dolor se circunscribe a la parte inferior del pubis, asiento de la inserción de los músculos aductores. En este otro dolor, la exploración muestra que duele sobre todo la parte superior del pubis, asiento de la inserción del recto abdominal, e incluso el propio tendón del recto abdominal.

El nombre del proceso, osteopatía dinámica, sugiere que es un desequilibrio de fuerzas en el pubis entre la fuerza de los músculos aductores y la de los rectos abdominales los que originan el debilitamiento de la sínfisis, unión fibrocartilaginosa de ambos pubis, y por lo tanto de esta dolencia. Sin embargo, albergo la sospecha de que, como en la pubalgia inferior, es la contractura de los rectos abdominales los causantes. Porque desequilibrio de fuerzas hay continuamente en este paraje. Los aductores, como el glúteo medio/fascia lata estabilizan la cadera y la rodilla durante la fase de apoyo del paso (en marcha o carrera) esta fase dura unas centésimas de segundo, y se repite miles de veces en una carrera media. Mientras estamos en la fase de apoyo de un lado, el otro lado está con los aductores sin trabajar, es la musculatura abdominal la que impide la basculación de la pelvis por el peso del cuerpo. Esto sí que es un desequilibrio de fuerzas. Si la teoría dinámica fuese correcta, esta patología la tendrían todos los corredores., lo que no es cierto. Así que mis sospechas están bien albergadas. El abordaje de esta patología obliga a la suspensión inmediata de la actividad, y a relajar y estirar la musculatura contracturada. En deportistas profesionales, acuciados por el tiempo, se utiliza la resolución quirúrgica.