Es un estado de la república federal alemana situado al este del país, entre los ríos Elba y Oder. Este último río marca la frontera con Polonia. A lo largo de la historia llegó a ser un reino independiente llamado Brandemburgo-Prusia. Esta región tiene la particularidad de que rodea completamente a la ciudad estado de Berlín. Incluso hubo recientemente un referéndum para unificar ambas entidades como Brandemburgo-Berlín, que no prosperó. La capital de Brandemburgo es Postdam, ciudad donde vivieron los reyes de Prusia. Hicimos una escapada con varios amigos para visitar Berlín y Postdam.
Berlín es la capital de Alemania. Llegamos en avión un caluroso mes de Junio a un aeropuerto que me pareció pequeño para la importancia de la ciudad. El hotel, que estaba bastante céntrico, era algo antiguo, pero tenía aire acondicionado en el dormitorio. Nunca pensamos que ese detalle fuera a ser importante en la visita a una ciudad tan norteña de Europa. Pero el asunto climático fue que una temperatura que no superaba los treinta grados, combinada con una humedad del 70% formaban un clima con el que no parabas de sudar desde las ocho de la mañana hasta la noche que enchufábamos el aire. De esta y otras experiencias repito a quien quiera oírlo que nunca pasé más frio que en el desierto del Sahara en Túnez, ni sudé tanto como en Berlín. En el trayecto hasta el hotel pasamos por delante de una iglesia ruinosa por los bombardeos de la segunda guerra mundial. La han dejado sin restaurar y la llaman monumento homenaje al Kaiser Guillermo. Que no tuvo relación alguna con dicha guerra. Yo creo que es para mostrar el ensañamiento de los aliados con los civiles alemanes. Cuando actualmente vemos el grado de ensañamiento del ejército de Israel con los gazaties, reflexiono que eso se ha hecho siempre, recordando Dresde Nuremberg, Colonia, Berlín… El caso es que comenzamos nuestra ruta turística berlinesa tomando muy temprano un autobús urbano, que nos dejó junto a la puerta de Brandemburgo, el Reichstag y el paseo Bajo los tilos. Nada hay más famoso que esta parte de la ciudad, con el “check point Charlie” y la isla de los museos. Cerca del Reichstag y de la puerta de Brandemburgo había un enorme monumento semicircular en recuerdo de los soldados soviéticos caídos en la segunda guerra mundial, cosa que me resultó sorprendente. Tras la observación de la famosa puerta hicimos cola para entrar en el Reichstag, que tiene una visita interesante. Este edificio, que era parlamento alemán, fue incendiado por el partido Nazi en cuanto ganaron las elecciones. Posteriormente se reconstruyó y vuelve a ser parlamento alemán. El arquitecto Norman Foster lo reformó y le dotó de una cúpula de vidrio sobre la que se puede pasear mientras miras las mesas y escaños del parlamento desde arriba, y las vistas de la ciudad hacia afuera. Espectacular. Tras esta visita continuamos bajando por la famosa avenida Bajo los tilos. Este es el momento de decir que había diferencias de calidad y mantenimiento entre los edificios de viviendas y fachadas del Berlín oriental y el occidental cuando visitamos la ciudad. Llegando al cruce con Friedrishestrasse tomamos por ella para visitar el famoso “Check Point Charlie” que es el punto fronterizo desde donde se pasaba del Berlín comunista al Berlín consumista. Lo tienen muy bien montado para el turismo. Una vieja casetilla de frontera adornada con símbolos y banderas soviéticas, y franqueado por dos soldados disfrazados de militares rusos, que con gran solemnidad se dejan fotografiar con los turistas. Seguimos callejeando y pasamos por la Bebelplatz. En la misma avenida Bajo los tilos se abre esta plaza que alberga la universidad Humboldt, la ópera de Berlín, la antigua biblioteca y la catedral de Santa Eduvigis, todos edificios de notable factura. Poco después llegamos a la isla de los museos. Isla porque está situada entra el río Spree y un canal del mismo río. En ella está el museo de Pérgamo, una pinacoteca, dos museos más y hasta la catedral de Berlín. El museo de Pérgamo contiene el imponente altar de Zeus de la ciudad de Pérgamo y la puerta de Istar de Babilonia con todo el conjunto de bellos azulejos. Impresionante. Tiene algunas otras obras antiguas musulmanas y romanas, pero no ensombrecen lo anterior. La Galería Nacional, que es la pinacoteca de pintores alemanes, no me pareció excepcional. A la salida de la galería nos tomamos un refresco en una terraza, El refresco estaba con temperatura del tiempo y pedimos hielo a la camarera, la camarera palpó el vaso con la mano, y dijo que estaba suficientemente fresco. Tras porfiar con ella, y con secos modos nos trajo un miserable cubito de hielo. Debía ser del Berlín oriental, Desde allí nos fuimos a la cercana catedral. La catedral de Berlín es protestante, está formada por una inmensa cúpula flanqueada por cuatro torres. Es de estilo neo renacentista y neo barroco y es hermosa de ver, con su abundantes adornos, y sobre todo el coro y el órgano. Comer en Berlín no es ningún problema, cerveza, salchichas variadas, buenos embutidos, carne, verduras y patatas. El problema es lo que tardan en atender a los no germano parlantes. Así que cargados de paciencia pudimos sobrevivir los tres días. En Berlín hay más cosas que ver: la Postdamer platz es un centro cultural y futurista con edificios modernos, entre los que destaca el edificio Sony, construidos sobre una explanada destruida por la guerra. Es digna de ver y visitar sus tiendas. La Alexander platz es justo lo contrario, conserva el aspecto de cundo pertenecía a la parte oriental de la ciudad, cerca del ayuntamiento de Berlín, enorme edificio de ladrillo rojo de estilo renacentista y con una torre central, el parque con las estatuas de Marx y Engels, la fuente de Neptuno, el reloj mundial, y una altísima torre de comunicaciones. Está cerca del río Spree. Ambas plazas están consideradas centros neurálgicos de la ciudad, y esta última es además centro de comunicaciones e intercambio de autobús y metro. La avenida y el parque de Tiergarden son agradables de ver, en taxi claro pues es enorme. En el centro se encuentra la columna de la victoria, que conmemora varias victorias de Prusia, contra Dinamarca, Austria y Francia entre 1864 y 1866. Un considerable ahorro, una columna para celebrar tres victorias. El parque es un enorme pulmón verde para la ciudad y está muy céntrico. Vimos un par de cosas más, para mí menos agradables. Uno fue el monumento al holocausto de los judíos. Se trata de más de dos mil monolitos de hormigón de distintas alturas dispuestos en una enorme plaza formando diferentes calles por donde pasear. Personalmente no entendí su significado ni su relación con el suceso rememorado. La otra visita desagradable fue al museo de los judíos. Es un edificio con planta extraña, con fachadas metálicas y ventanas oblicuas, que muestra miles de objetos personales de los judíos asesinados: maletas, libros cuadernos, juguetes, plumas, guantes, sombreros, gafas, instrumentos de cura de un médico, instrumentos musicales… dispuestos en vitrinas, de manera que reflexionaras, que aquellos objetos corriente y vulgares pertenecieron a personas, que teniendo su vida y ejerciendo su profesión, fueron asesinadas por ser judías. Abrumador. Me salí sin verlo todo al jardín del exilio del mismo museo, allí esperé a mis acompañantes.
Postdam es la capital de Brandemburgo, y está cerca de Berlín, Decidimos hacer una excursión para verla, pero esta vez en modo crucero. Una línea regular de barcos de pasajeros realiza el trayecto de ida y de vuelta. Así que aquel caluroso día nos dispusimos a disfrutar del trayecto fluvial, observando el paisaje y la propia ciudad. Mientras esperábamos la salida decidí tomar una cerveza que servían en un kiosco cercano al muelle de embarque. El hombro mayor amable y simpático tiró la cerveza con mucha ceremonia, y la dejó sobre el mostrador. Cuando iba a echarle mano al vaso, me detuvo horrorizado, impidiéndome hacerlo. Yo pensé que norma había violado para semejante reacción. Esperó pacientemente unos diez segundos y volvió a echar un poco más de espuma sobre la cerveza, tras lo cual me animó a coger el vaso con una amable sonrisa. En todas partes hay rituales locales que es preciso conocer para no parecer un cateto: El té de los moros, que hay que volcar tres veces, el culín de sidra de los asturianos, cuyo último sorbo has de tirarlo al suelo haciéndolo pasar justo por donde tú has bebido para limpiar los restos de tus labios, y añadí a mi lista el remate espumoso de los berlineses. El barco nos llevó por el río Spree atravesando Berlín, observando los edificios gubernamentales cercanos, más adelante la gente tomaba el sol en bañador junto a la orilla, al cabo de un rato el Spree desemboco en el río Havel, afluente del Elba, que es el que nos llevó hasta Postdam. El paisaje era muy agradable, con hermosas casas y bosquecillos cercanos. Parecía más zona de recreo que de trabajos rurales. Por algún ensanche del Havel había embarcaciones deportivas de vela y algún que otro piragüista. Ya cerca del embarcadero de Postdam nos señalaron un puente antiguo de hierro, al que llamaban el puente de los espías, Pues era el lugar donde ambos bloques intercambiaban los espías durante la guerra fría. En alguna película ha salido. El día era bastante soleado y algo caluroso, tanto que yo, que no llevaba sombrero cogí una pequeña insolación. No lo podía creer, de Sevilla e insolándome tres mil kilómetros más al norte. Tanto calor se trocó en tormenta, así que callejeando por Postdam tuvimos que ponernos a cubierto por el chaparrón de gotas más gruesas que haya visto en mi vida. Pasó la tormenta cuando llegamos a los jardines del palacio de Sanssouci, que fue palacio real antaño, pero que en la actualidad el conjunto de jardines, fuentes y palacetes que lo forman son patrimonio de la humanidad. Los jardines están planificados al estilo inglés, con grandes praderas, pero también contiene fuentes barrocas, bosquecillos de estilo francés y una serie de palacios dispersos por el terreno: La Orangeríe, Charlotenhoff, el nuevo palacio de Postdam, aún más grande que el de Sanssouci, y la deliciosa casa de té china. Estos palacios se usaban para albergar invitados del Kaiser. Vimos los palacios solo por fuera, pues no disponíamos de tiempo suficiente. Agotados por los paseos y admirados por los distintos estilos de fachadas y de los tamaños de las construcciones, tomamos de nuevo el barco para volver a Berlín. Al día siguiente acabó nuestro breve pero intenso viaje.