En ocasiones aparecen dolores en la pierna por sobrecarga al marchar o correr, o por defecto de técnica del ejercicio que se realiza. Estas lesiones están recogidas en “Me duele y no sé por qué” y a este capítulo me referiré. “Abordamos esta estructura de forma independiente de la articulación superior, que es la rodilla, y la inferior, que es el tobillo. Se compone pues de la tibia y el peroné, la unión entre ambos y la musculatura que llega desde por encima de la rodilla, y la que sale hacia el pie. La disposición muscular se agrupa en dos compartimentos, el posterior: formado por el tríceps sural y en lo más profundo los flexores de los dedos: común y propio del pulgar; y el antero externo: formado por músculos tibiales, peroneales y extensores de los dedos.
El dolor más común de esta región anatómica es la contractura gemelar. Independientemente de que se haga regularmente ejercicio, o de no hacer ninguno, a casi todas las personas se le puede palpar una contractura gemelar de mayos o menos grosor, si no se estiran con regularidad. Esta contractura se produce por la bipedestación, marcha, o carreras prolongadas, y puede desencadenar dolorosos calambres gemelares. Tanto la contractura como el calambre son dolores muy localizados, más intenso el segundo, no fluctúan, y requieren el estiramiento del músculo para su desaparición. Los calambres están relacionados con el cansancio muscular durante un ejercicio físico intenso, por el agotamiento local (en las fibras musculares) de los nutrientes necesarios para la relajación muscular. Otros calambres son frecuentemente nocturnos, y acostados en la cama. Se desencadenan con el acortamiento del músculo al acomodar la postura, y dudo que tenga el mismo mecanismo que el anterior. Tanto la prevención del calambre como la contractura gemelar se resuelven con estiramientos diarios y a conciencia.
En el grupo antero externo de la pierna, el formado por los tibiales y extensores, asienta otro dolor localizado en toda la longitud de dichos músculos, moderadamente intenso, mecánico, y que no fluctúa. Se trata de la contractura del tibial anterior. Se produce por sobrecarga durante marchas prolongadas, por el excesivo levantamiento de la punta del pie (movimiento que ejecuta el tibial anterior) durante la fase de balanceo. Abordamos este problema con auto masaje del mismo, fácil de ejecutar por ser muy superficial, y estiramiento, que es con flexión plantar máxima. Para que no se reproduzca la sobrecarga del mismo hay que modificar la forma de la marcha, relajando la actividad de la dorsiflexión del tobillo. Al llevar la punta del pie más cerca del suelo, esta puede tropezar con irregularidades del mismo. Ojo por donde se camina, no vaya a ser peor el remedio…
En la cara postero interna de la tibia se produce un dolor bien localizado, moderadamente intenso, mecánico y que no fluctúa, producido por sobrecarga. Este problema, que se denomina periostitis, suelen padecerlo los que se machacan marchando o corriendo de forma excesiva, o poco programada. El abordaje de esta molestia es el cese inmediato de la actividad. ¿Por qué se llama periostitis esta patología, si periostio tienen todos los huesos? La respuesta está en que el músculo afectado es el flexor común de los dedos, que tiene una inserción amplia en la cara postero interna de la tibia. Se accede palpando con los dedos dicho hueso por delante del gemelo medial, y parece que duele el periostio. Si el caminante es suficientemente estoico, y sigue marchando con dolor, se produce en dicha zona una imagen radiográfica, que los clásicos definían como de “gota de cera”, consistente en una extensa irregularidad longitudinal del periostio. Es importante este estudio de imagen radiográfica, pues otro de los dolores muy parecido a este en localización y en desencadenante es la fractura de fatiga que se produce en el tercio medio inferior de la tibia. El dolor producido a la palpación en el mismo lugar es algo más vivo y menos extenso.