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Fracturas osteoporóticas

El paso de los años y otras concurrencias patológicas, dietéticas y sedentarias originan la disminución de la densidad mineral ósea. A esta disminución, llegado a cierto nivel, se le llama osteoporosis, e incrementa la fragilidad ósea ante contusiones o torsiones de los huesos. Se llaman fracturas osteoporóticas a las que suceden en el entorno de la población anciana, que padecen esta fragilidad ósea. Clásicamente se consideran dos fracturas puramente osteoporóticas, es decir aquellas que se producen sin que medie un traumatismo por una caída. Estas fracturas son el aplastamiento del cuerpo vertebral y la fractura de cuello de fémur, que colapsa por propia debilidad estructural, y tras el colapso de produce la caída.  Las demás fracturas osteoporóticas: proximal de húmero, distal de radio y pertrocantérea de fémur, necesitan de una caída para que se originen. Las personas con osteoporosis tienen más tipos de fractura, pero no son tan comunes como las comentadas. Así que tenemos un hueso debilitado y una caída. La mayoría del esfuerzo investigador, terapéutico y del gasto sanitario se dirige a disminuir la pérdida de densidad mineral ósea con fármacos, ejercicio e insolación. Pero poca literatura se refiere al segundo factor de la ecuación, evitar la caída. Si una persona no se cae, no tendrá fracturas en miembro superior o pertrocantérea de fémur, ni en ninguna otra parte, que no sea el cuello de fémur o el cuerpo vertebral. El problema de las fracturas sucedidas por caídas en las personas con osteoporosis es la conminución de las mismas, con más de cuatro fragmentos en la cabeza humeral o el colapso del radio distal, generando un cúbito sobresaliente e impactado en la fila proximal del carpo. Además, si el cirujano bienintencionado decido sintetizar con agujas de Kirchner o tornillos, comprobará que el acero rompe los fragmentos que quiere desplazar. Mejor no sintetizar una conminución osteoporótica. El motivo de esta reflexión es acentuar que la prevención de las caídas es la segunda pata de esta ecuación, y que hay que implementarla. Las caídas se producen por tropiezos o error al calcular la distancia de paso o mala suerte. Pero en las personas mayores se ven incrementadas por la pérdida de los reflejos y del equilibrio, ocasionados por la natural pérdida neuronal del proceso de envejecimiento. Así que las personas mayores, que además de la fragilidad ósea, han perdido agudeza visual, auditiva, fuerza muscular, reflejos y equilibrio, deben de extremar la precaución a la hora de moverse. Harán bien si retiran los peligros de tropiezo en casa: alfombras, patas de muebles sobresaliendo. Los peligros de resbalones, usando suela antideslizante, nunca calzar zapatillas tipo chanclas, es decir, siempre con talón incluido, asidero en el plato de ducha. Buena visibilidad encendiendo luces siempre en el crepúsculo matutino o vespertino. Pausar los cambios de posición: levantándose de la cama o de la silla despacio y parar unos segundos en la nueva posición antes de marchar… Y en la calle debe usar bastón, no tanto para evitar una caída tras un tropezón, sino como ayuda al cerebelo con información adicional de la posición corporal y de la dirección del movimiento. Es muy barato insistir en que evitando caídas evitamos fracturas complejas. Lo que no impide seguir con la atención en disminuir la pérdida de densidad mineral ósea.