La glena escapular es una de las prominencias escapulares que contribuye a la articulación escápulo-humeral. Se trata de una cavidad con mayor eje vertical y algo más ancha por la parte inferior, que se articula con la cabeza humeral. La cabeza humeral es más grande que la cavidad glenoidea, por lo que a la glena ósea se añade la ayuda de un rodete glenoideo; que está formado por un tejido fibro conjuntivo denso, que amplia esta cavidad articular para adaptarse mejor a la cabeza humeral. Esta incongruencia de tamaño, añadido a la escasa consistencia ligamentosa de la articulación, es la que origina las frecuentes luxaciones de la misma. Es la de mayor movilidad del esqueleto, pero la de mayor inestabilidad. La cavidad glenoidea de la articulación escápulo humeral es pues en parte ósea, y en parte fibrosa, aunque con una sólida unión entre ambas. En las contusiones del hombro, sucedidas en caídas: desde la propia altura del lesionado, desde una bicicleta, patinete o en carrera, puede lesionarse el rodete glenoideo por el impacto transmitido por la cabeza humeral. En ocasiones la fractura es de la propia glenoides ósea, más invalidante, pero en otras ocasiones las lesiones se producen por desgarro o desinserción del rodete fibroso. Tanto una como la otra son difíciles de ver en el estudio de imagen radiográfica. Pero una exploración adecuada de este paraje puede descubrir lesiones glenoideas producidas por el traumatismo. Se puede palpar el reborde posterior de la glenoides ósea y fibrosa presionando con los dedos en la cara posterior del hombro. La zona anterior e inferior queda demasiado profunda, y con estructuras vasculonerviosas que se interponen, para especular con el dolor producido. Si tomamos con una mano el húmero proximal, con la otra el conjunto clavícula y escápula, y hacemos maniobras de cizallamiento entre ambas manos, notaremos dos cosas, si no hay movimiento alguno es que los sistemas ligamentarios están indemnes. Si despertamos dolor con la maniobra es que hay daños en los elementos óseo o fibroso de la glenoides (lesión de Bankart). Revisar el estudio radiográfico, solicitar un estudio tomográfico (para descartar lesiones óseas) o solicitar estudio de imagen por resonancia magnética para lesiones del rodete fibroso glenoideo, nos acortará tiempo de recuperación funcional, con o sin tiempo quirúrgico previo. En resumen: una contusión importante del hombro merece ser explorada con mucho detenimiento antes de solicitar pruebas de imagen aclaratorias.