Recién acabado la romería del Rocío, me voy a meter en un jardín al que nadie me llamó. No soy rociero, pero siempre me ha fascinado la es6tructura de la romería. La hermandad matriz, las numerosas filiales, el camino de lunes a viernes de los distintos simpecados arropados por numerosos devotos rocieros, el solitario camino de vuelta par los pocos que tienen tiempo y ganas de no dejar solo al simpecado, emblema de la hermandad. Vivo en el Aljarafe, comarca en la que no hay un solo pueblo sin hermandad del Rocío, y he oído historias de peticiones de préstamos bancarios para poder peregrinar, o incluso hipotecarse para ser un año el hermano mayor de una hermandad. En general personas muy devotas y perseverantes en hacer el camino y pasar allí el fin de semana de pentecostés. También hay muchos que van solo a lucirse o divertirse, pero de esos no estoy hablando. Hablo de la gente humilde que no deja pasar ni un año hacer el camino, aunque tengan que apretarse el cinturón algunos meses. Pero siempre me llamó la atención el llamado “salto de la reja” de los almonteños para dar inicio a la procesión de su virgen. El protagonismo de los almonteños en esta romería no está en discusión. La virgen del Rocío es su patrona, ellos iniciaron la peregrinación, a la que se fueron sumando otros pueblos cercanos y hoy en día algunos muy lejanos Que se declaren como la hermandad matriz, que acoge y acepta a las demás hermandades filiales es su derecho. Incluso que solo puedan portar el paso de la virgen los jóvenes almonteños en exclusiva es lógico. Lo que siempre me pareció una curiosidad, y con el paso de los años una actuación censurable es el conocido como salto de la reja. Me parece una transgresión machista del normal comportamiento social. Transgresión por la violencia y el tumulto, en ocasiones con discusiones a voces, que se produce en el salto. No podemos olvidar que es un recinto sagrado en el que los creyentes y no creyentes deben comportarse con respeto, prudencia y decoro. Hay una cancela cerrada para aislar el presbiterio en el que se encuentra el paso de la virgen. Esa valla significa el empeño de mantener la seguridad y el debido respeto los días que rondan por la aldea centenares de miles de personas. El violento y tumultuoso salto de la valla es una transgresión al orden establecido. Si me pones una traba, yo me la salto. Esta criticable actuación la realizan varones almonteños. Pero la calificación de machista viene porque las jóvenes almonteñas no figuran en el rito. Estos mismos jóvenes son los que llevan el paso de una forma caótica, donde se aprecia que la violencia sigue siendo la norma. Hay ocasiones en que se mueven a bandazos, como movidos por un mar tempestuoso, otras veces se las cae el paso al suelo. Con lo bien que organizamos los andaluces las procesiones, esta violenta y caótica procesión solo es fervorosa para los que miran y rezan a la virgen, no para los que la llevan de forma turbulenta Lo mismo que en la romería del Rocío ha mejorado la seguridad vial y física, los medios sanitarios, y el buen trato a bueyes mulas y caballos. ¿No se podría hacer una procesión civilizada, pacífica, solemne? .Es hora de dejar atrás estas actitudes atrabiliarias, y pasar a una procesión en la que se organice una cuadrilla de almonteños y almonteñas que lleven de forma respetuosa a la virgen, con relevos controlados, y por supuesto con apertura de la reja, para acabar con la violencia, el tumulto y el caos en tan devota actividad.