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Sicilia oriental

Mesina Y Taormina

Para visitar el este de Sicilia decidimos dormir un día en dicha costa, hacerlo yendo y viniendo era una locura. Reservamos alojamiento en un albergue religioso de Siracusa. Siracusa tiene una famosa y milagrera Virgen de las Lágrimas. Yo conocía su existencia por un cuadro de la virgen de Siracusa que llamaba mi atención en casa de mi abuela. El caso es que la virgen atrae peregrinos de Sicilia, Italia y el extranjero, por lo que hay albergues para peregrinos a muy buen precio fuera de fechas señaladas. Una vez reservado el alojamiento iniciamos la larga excursión. Tomamos la autopista que pasa por Palermo y Cefalú, y la seguimos costeando por el norte  hasta el este de la isla, llegando a Mesina, nuestro primer destino. Yo tenía interés por ver cuán estrecho era el de Mesina, así que cuando llegamos a la ciudad me dirigí al puerto comercial, que seguro me daría esa oportunidad para evaluarlo. El desconocimiento me llevó a una serie de naves y almacenes en absoluto abandono y soledad, y tras caminar un rato salimos a un espacio de costa lleno de basura, pero desde el que se veía con claridad la costa de la península italiana. Mi familia creyó que había elegido mal el sitio de observación, pero yo ya había visto cuan estrecho era, y nos fuimos a Taormina, sin entrar en la ciudad por falta de tiempo. La carretera costea el este de la isla, por lo que las vistas son bellas postales marítimas. Al medio día llegamos al enclave de “Isola Bella” una pequeña bahía rodeada de playas, hoteles y restaurantes, con una pequeña isla en al centro. Un paraje que hace bueno el nombre del lugar. Desde este lugar se accede a Taormina por un funicular. Aparcamos y nos fuimos a comer a un restaurante de los de playa privada, aunque esta vez no había tiempo para baño. Comimos muy bien, a la sombra, y con una bella vista sobre la playa, el mar, los barcos recreativos y la bella islita. Tras la comida tomamos el funicular para subir a Taormina. Esta ciudad es muy visitada por su situación, en un balcón sobre el mar y enfrente del volcán Etna, que es el monumento más importante del este de Sicilia. Ilustres personajes del siglo diecinueve y del veinte se alojaron durante temporadas en esta bella ciudad. Además de pasear por la calle principal que la atraviesa desde la puerta de Mesina hasta la puerta de Catania, hay que visitar el teatro romano, aún en uso, y los miradores al mar y al Etna. Paseo muy agradable de casas de piedra, estrechísimas calles y plazas coquetas. Tras la visita bajamos al aparcamiento, y continuamos recorrido en dirección a nuestro alojamiento en Siracusa.

Siracusa y Catania

Nos costó muy poco trabajo llegar al albergue religioso que habíamos reservado, dotado de un amplio aparcamiento. Tras dejar en la habitación la maleta nos dispusimos a visitar Siracusa. La primera visita fue para el santuario de la virgen de las lágrimas, al que accedimos en un taxi. Una gran nave de hormigón en forma de  tipi (tienda apache), con un aforo importante para los devotos. A esa hora no había misas ni peregrinos, por lo que la visitamos sin obstáculo. Durante la visita estuve buscando un mostrador de recuerdos, pues quería comprar uno para mi madre. Como no lo encontraba, me dirigí a una monja que estaba cerca. –Hermana. ¿Dónde está la venta de recuerdos? Y la hermana me contestó –El negocio está abajo.  Así en castellano y señalando al suelo con el dedo. Aún me río de la palabra escogida, aunque es impecablemente correcta. El caso es que compré un díptico con una imagen de la virgen a la izquierda, y una breve bendición a la derecha. Cuando se la regalé a mi madre, ella me dijo que en casa de su madre nunca hubo un cuadro de la virgen de las lágrimas. Por lo que mi recuerdo sería de la casa de mi otra abuela, vaya. No obstante se la quedó, y al fallecer ella, volvió a mí, y ahí delante está. Tras la visita al santuario tomamos otro taxi para acercarnos a la Ortigia, centro histórico de Siracusa. La Ortigia es una isla que separa dos puertos, en su punta tiene un castillo. Es la parte más antigua e histórica de Siracusa. Llegamos anocheciendo, y fuimos por la orilla derecha para ver la famosa fuente de Aretusa, un manantial de agua dulce que aflora a unos metros del mar. Cenamos en uno de los muchos restaurantes que hay en esa zona, y después paseamos despacio la ciudad de bellos edificios. La catedral, la iglesia de santa Lucía, la fuente de Diana, el templo de Apolo. Cuando llegamos a la unión con el resto de la ciudad buscamos otro taxi para volver  al albergue. A la mañana siguiente tras el desayuno tomamos el coche para ver el parque arqueológico de Siracusa. A su entrada estaba la tumba de Arquímedes. Vete tú a saber. Arquímedes ayudó a los siracusanos a defenderse del ataque romano, ideo múltiples artilugios: espejos curvos para incendiar las velas, ganchos para elevar las galeras y dejarlas caer, y otros que no recuerdo. Cuando los romanos entraron en la ciudad mataron a todo el que no podían vender como esclavo, incluido al viejo sabio. Y tirarían su cadáver con los demás. Como van a conservar la tumba. El parque en cuestión tiene un teatro griego aún en uso, un anfiteatro romano, y los altares para celebrar una hecatombe. La hecatombe es el sacrificio de cien animales, toros o carneros, algo poco común por su elevado precio. En aquel lugar había un montón de altares de sacrificio, uno al lado de otro. Más adelante estaba la oreja de Dionisio, que es una cueva formada por la extracción de la piedra para construir la ciudad, sus templos y sus murallas. Dionisio fue un tirano de Siracusa que guerreó y pactó con los cartagineses cuatro siglos antes de Cristo. Encima del teatro griego había una fuente de gran caudal. Acabada la visita tomamos dirección a Catania, otra importante ciudad del este de Sicilia, que está unos kilómetros al norte. Situada en la falda del Etna, ha sido destruida varias veces por sus erupciones. Aparcamos con mucha suerte cerca del casco antiguo, y en un corto paseo nos plantamos en la plaza de la catedral de Santa Ágata, patrona de Catania. Comimos en esa misma plaza, que tiene un monolito encima de un elefante. Tras comer continuamos el paseo para visitar el teatro antiguo, situado entre edificios, y el pequeño odeón romano, un poco más alejado. Al salir nos montamos en un autobús turístico, que nos llevó en un descansado paseo por el centro de Catania, y hasta una playa cercana. En una hermosa plaza había un monumento en memoria del compositor Bellini, natural de esta ciudad, y famoso por su ópera Norma y su aria Casta Diva. El teatro de la Opera de Catania tiene su nombre. A media tarde tomamos el camino de regreso a nuestro hotel Admeto. Tomamos una carretera de Catania a Agrigento, y desde esta ciudad a Selinunte. Por el camino llegué a la conclusión que habíamos visto el interesante oriente de la isla en demasiado poco tiempo. No vimos Mesina, ni Ragusa, y a la carrera Catania y Siracusa. Hubiera sido mejor tomar base en Catania y desde allí hacer la larga excursión al menos interesante oeste. Esa noche llegamos tarde a la cena otra vez, pero cenamos y dormimos como lirones. El séptimo día teníamos que volver a España, pero por la mañana nos dio tiempo a ver el parque arqueológico de Selinunte, más pequeño que el de Agrigento y Siracusa, y con los templos más destruidos que aquellos. Por la tarde llegó la transferencia al aeropuerto Falcone e Borsalino muy ajustado de tiempo, o sea, a la siciliana. Fin del viaje.