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Médico experto

La consideración de médico experto, por parte de los colegas en su materia, debe tener varias consideraciones o condiciones que cumplir. La primera condición a cumplir es el conocimiento. El médico, para ser considerado experto, debe conocer los conceptos básicos propios de la materia en la que trabaje. Estas bases son los conocimientos anatómicos, fisiológicos, histológicos y patológicos. Posteriormente debe conocer la semiología propia de su especialidad, los procesos patológicos, su clasificación y saber reflexionar sobre los resultados de las pruebas para llegar a un diagnóstico lo más preciso posible. Si el diagnóstico es preciso, el pronóstico y el manejo terapéutico serán más claros. Dice el aforismo “objetivo pequeño lleva a error pequeño”. Posteriormente debe conocer las exploraciones manuales propias de los procesos que quiere manejar. Una vez adquiridos estos conocimientos, que debe actualizar regularmente, se puede encaminar a la segunda condición, que es adquirir las habilidades propias de la especialidad en las que pretende ser experto. Estas habilidades son técnicas terapéuticas: abordajes y resoluciones quirúrgicas, escopias (endo, láparo, bronquio, artro, cisto…), cateterismos, infiltraciones ecoguiadas  o por referencias anatómicas… Estas habilidades debe realizarlas con soltura, en un tiempo medio razonable, y con buenos resultados en el 90% de las veces. Ni que decir tiene que las habilidades también deben ser actualizadas, abandonando las obsoletas y aprendiendo las nuevas  más efectivas.  La tercera condición, pocas veces valorada es la experiencia. Esta condición consiste en haber atendido el suficiente número de casos, para que las raras afecciones o evoluciones poco habituales puedan ser reconocidas. También pueden ser reconocidas mediante el conocimiento y el estudio de la experiencia de otros colegas, pero es más experto el que  las ha afrontado. Esta última condición viene al caso de muchos profesionales que han adquirido suficientes conocimientos y habilidades, y limitan la práctica clínica para dedicarse a otras actividades más prestigiosas como las docentes, investigadoras, o de gestión.  Dedicaciones muy necesarias sin duda, pero que no deben ser excluyentes de la práctica clínica, para continuar siendo experto.