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Medicina privada

Es bastante común entre los sanitarios establecer una especie de incompatibilidad entre la medicina de un servicio público de salud, y la medicina ejercida de forma libre, sobre usuarios clientes de compañías aseguradoras, o usuarios sin pólizas de seguros. Como la incompatibilidad horaria no existe, tengo la sospecha de que los partidarios de dicha opinión se refieran a una incompatibilidad ética. Lo que me parece un preocupante error de concepto. Dicha incompatibilidad es opinión que he escuchado de formales profesionales que ejercieron su actividad exclusivamente en un servicio público de salud. Estos mismos expertos, en su dilatada actividad, siempre se consideraron defensores de la sanidad pública, y muchos de ellos denostadores de la sanidad privada. Algunos entienden que los que ejercen su actividad de forma privada lo hacen como negocio. Para ganar más dinero. No voy a negar esta última cuestión porque es cierta. Los sanitarios que ejercen su actividad de forma privada, lo hacen para ganar más dinero. En la sanidad pública el que más o mejor trabaja no gana más dinero. Gana lo mismo que el que se escaquea, o no se esfuerza en mantener su formación. Ese es el motivo por el que muchos profesionales, una vez adquirida experiencia suficiente en la sanidad pública, de el salto a trabajar más horas para ganar más dinero en la esfera privada. Yo no veo ningún conflicto ético si al paciente público o privado le espera el mismo trato y el mismo tratamiento, independientemente de su procedencia. De la misma manera que en la sanidad pública hay profesionales que se escaquean de sus tareas, o las cumplen de modo poco profesional, en la medicina privada hay sanitarios “peseteros”, que escogen la terapia que más beneficia a sus bolsillos, aunque no sea la más oportuna para el paciente. Esta actitud interesada es imposible en la medicina pública, solo se ve en la esfera privada. Ese profesional realiza una actividad poco ética. Pero sinvergüenzas hay en todas las profesiones, y en ambos ámbitos de la sanidad. La mayoría de compañeros que hemos compatibilizado la sanidad pública y privada no hemos realizado este tipo de prácticas despreciables, hemos trabajado con la misma actitud y con las máximas garantías a todos los pacientes fuera del ámbito que fuera. Hay diferencias derivadas de la mala planificación de la sanidad pública, plantillas y recursos escasos, ocasionan listas de espera, y una selección cuidadosa de tratamientos limitados por su coste, para maximizar el beneficio. En la esfera privada hay mucha menos presión, la cita es más rápida, y los tratamientos se aplican sin limitación por su costo, se realiza el necesario para el pronto restablecimiento o estabilización. Así pues no hay conflicto ético entre ambos sistemas de atención sanitaria; hay sanitarios que actúan con poca ética profesional en ambos sistemas. El sistema sanitario público está financiado por impuestos de todos los ciudadanos, usuarios o no de dicho tipo de atención. El sistema privado se mantiene por medio de compañías aseguradoras, para aquellos ciudadanos que no quieren esperas o prefieren una atención más exclusiva. Los que hemos compatibilizado ambos sistemas de atención sanitaria, hemos ganado más dinero, pero también más  experiencia en el diagnósticos, pronóstico y tratamiento de nuestros pacientes. Al echar más horas hemos atendido más casos que los que no compatibilizaban. Los cirujanos además han ganado más experiencia manual, más rapidez y seguridad en sus intervenciones. Esta mejoría en nuestro rendimiento es utilizada en la actividad desarrollada en la medicina pública Siempre he defendido la sanidad pública, porque es necesaria como vía de reparto del bienestar, como la educación pública. A pesar de que haya políticos que enreden con ambos sistemas y los debiliten, aprovechándose de la profesionalidad de sanitarios y maestros, que luchan para evitar el colapso. Pero también he aprovechado mis habilidades para trabajar más horas y ganar más dinero en la medicina privada. Creo que sin reproche ético alguno.